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El riesgo sistémico oculto en el comercio de alimentos que preocupa a la ONU

El comercio internacional de alimentos se ha transformado en una estructura financiera compleja dominada por traders globales altamente apalancados. Según el Trade and Development Report 2025 de UNCTAD, esta nueva arquitectura está generando riesgos sistémicos que afectan tanto los precios como el financiamiento de países en desarrollo, entre ellos los de América Latina. La región, dependiente de commodities y vulnerable a shocks externos, opera hoy en un entorno donde la volatilidad financiera determina más que nunca el comportamiento de un mercado esencial para su estabilidad económica.

EYNG, 05/01/2026. En los mercados globales de alimentos ya no manda el clima, la cosecha ni la demanda: manda la pantalla. Mientras un agricultor latinoamericano mira el cielo para prever la próxima lluvia, en otro extremo del mundo un trader presiona un botón y mueve millones en derivados que pueden alterar el precio del mismo grano que ese agricultor acaba de sembrar. Según el Trade and Development Report 2025 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), más del 75% de los ingresos de los mayores traders de alimentos proviene hoy de operaciones financieras, no del comercio físico, un cambio que redefine cómo se determina el precio de bienes esenciales en todo el planeta

La transformación no es superficial: el comercio internacional de alimentos ha construido una arquitectura movida por algoritmos, financiamiento estructurado, apalancamiento y contratos complejos que atraviesan decenas de jurisdicciones. Hoy, un ajuste en una posición de riesgo en Singapur puede moldear el precio de un producto que terminará en un mercado latinoamericano a miles de kilómetros.

La arquitectura que sostiene el sistema: Una red financiera global difícil de supervisar

UNCTAD describe esta nueva estructura como un ecosistema que funciona mediante:

  • Estructuras corporativas multijurisdiccionales, donde una misma firma opera desde centros offshore, hubs logísticos y mercados financieros simultáneamente.
  • Securitización de activos agrícolas, práctica identificada en al menos seis de los once mayores traders globales, que convierte inventarios físicos en instrumentos financieros de alto movimiento.
  • Contratos derivados altamente sofisticados, utilizados para cobertura, especulación o arbitraje.
  • Relaciones bancarias diversificadas, que incluyen bancos globales, instituciones regionales y proveedores especiales de crédito comercial.

Este complejo entramado, señala el informe, incrementa la interdependencia entre mercados y amplifica los riesgos en caso de un shock financiero. La exposición no se limita a países importadores; exportadores agrícolas de América Latina también se ven afectados por fluctuaciones de precios generadas por movimientos financieros, no productivos.




Precios que ya no responden a la oferta y la demanda

El informe advierte que la financiarización ha creado una desconexión estructural entre los precios y los fundamentos agrícolas. De esta manera, asegura que los valores de commodities como trigo, maíz o soya se mueven hoy impulsados por estrategias de portafolio, ajustes en las posiciones de cobertura, algoritmos que reaccionan a información financiera antes que productiva y la correlación creciente entre mercados de alimentos y energía.

UNCTAD sostiene que estos factores financieros tienen un peso creciente en los movimientos de precios, reduciendo el rol tradicional de condiciones productivas y climáticas.

En ese sentido, advierte que, para economías con alta dependencia de alimentos importados, o cuya estabilidad económica está ligada a la exportación de commodities, esto implica enfrentarse a un entorno más volátil y difícil de anticipar.

América Latina ante un sistema donde tiene poco margen de maniobra

Los países en desarrollo —donde se ubica gran parte de América Latina— enfrentan condiciones financieras más adversas para operar en esta nueva estructura. UNCTAD explica que estas economías enfrentan costos de financiamiento más altos, acceso limitado a liquidez internacional y mayor exposición a la volatilidad cambiaria.

En este contexto, la región experimenta impactos directos:

1. Dependencia de commodities

Las economías latinoamericanas dependen de exportaciones agrícolas y energéticas, por lo que un cambio brusco en precios internacionales afecta recaudación fiscal, balanza comercial e inversión.

2. Inflación alimentaria persistente

Las variaciones financieras globales se traducen rápidamente en incrementos de precios internos. Esto afecta a empresas, gobiernos y hogares.

3. Mayor riesgo país

UNCTAD señala que la volatilidad financiera puede incrementar la percepción de riesgo de las economías periféricas, elevando el costo del crédito y reduciendo espacio fiscal para inversión estratégica.

4. Exposición indirecta del sistema financiero

Aunque no siempre alojan a los grandes traders, muchos países latinoamericanos dependen de ellos mediante contratos, financiamientos y cadenas de suministro, lo que genera vulnerabilidades difíciles de supervisar.




Un círculo que debilita el desarrollo

El informe describe un ciclo problemático: la volatilidad financiera eleva los costos de financiamiento, lo que restringe el espacio fiscal y deja a los países en desarrollo más expuestos a shocks globales. Este efecto:

  • Aumenta el costo del crédito soberano
  • Reduce la capacidad de invertir en infraestructura agrícola
  • Limita la creación de reservas estratégicas de alimentos
  • Incrementa la dependencia de mercados internacionales controlados por intermediarios financieros

Así, en América Latina, donde varias economías enfrentan deudas crecientes, este ciclo reduce la capacidad para invertir en competitividad productiva y resiliencia económica.

Transparencia limitada y pérdida de ingresos fiscales

Asimismo, el informe de UNCTAD expone que la complejidad de las estructuras societarias dificulta la supervisión y facilita prácticas que pueden erosionar la base tributaria de los países en desarrollo. Determinadas operaciones, aunque legales, pueden trasladar beneficios hacia jurisdicciones con menor regulación o carga fiscal, lo que afecta directamente la capacidad de financiamiento de los Estados latinoamericanos.

Así, en una región donde las necesidades de infraestructura, tecnología y logística son crecientes, esta pérdida de ingresos se convierte en un obstáculo para el desarrollo.




Una regulación que debe reinventarse

El informe sostiene que la supervisión tradicional basada en entidades individuales es insuficiente. Propone avanzar hacia marcos regulatorios que analicen redes completas de contratos, financiamiento y estructuras corporativas. Además, recomienda:

  • Mayor transparencia en operaciones offshore
  • Coordinación entre reguladores de distintas regiones
  • Nuevas métricas para evaluar riesgos sistémicos
  • Vigilancia reforzada sobre prácticas de intermediación financiera
  • Regulación adaptada a la velocidad de innovación financiera

Para América Latina, esto plantea un reto significativo: desarrollar capacidades regulatorias más robustas y mejorar la coordinación con organismos internacionales.

Consecuencias económicas para la región

Según el estudio de la UNCTAD, la nueva arquitectura financiera del comercio global de alimentos tiene efectos directos en cuatro áreas clave:

1. Inflación

El impacto en precios es inmediato y afecta sectores productivos, cadenas de valor y presupuestos familiares.

2. Competitividad

Exportadores dependen de márgenes determinados en mercados donde la región tiene poca incidencia.

3. Estabilidad fiscal

Las variaciones en precios internacionales repercuten en los ingresos fiscales de países productores.

4. Sistema financiero

Bancos, aseguradoras y empresas con exposición a riesgos globales pueden verse afectados por eventos que ocurren fuera de su ámbito regulatorio.

Como puede verse, la región opera en un sistema que no diseñó, pero cuyos efectos siente de manera intensa.




En conclusión, el Trade and Development Report 2025 deja en claro que el comercio global de alimentos ya no es un mercado dictado por la productividad agrícola, sino por la ingeniería financiera y las dinámicas de riesgo de grandes traders internacionales.

Para América Latina, esta transformación significa navegar un entorno más volátil, más costoso y con mayores riesgos sistémicos. En ese contexto, construir resiliencia regulatoria, mejorar la transparencia y fortalecer capacidades institucionales será clave para evitar que esta arquitectura financiera profundice las vulnerabilidades de una región que depende, más que nunca, de cadenas de suministro estables y precios previsibles.


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