UE y Mercosur: Bruselas aplaza firma del acuerdo
La Comisión Europea aplazó hasta enero la firma del acuerdo comercial con Mercosur por falta de consenso interno. Francia e Italia lideran las objeciones, mientras la UE negocia nuevas salvaguardias para proteger a sus agricultores. Aunque para algunos líderes se trata del “momento decisivo” tras 26 años de negociaciones, Mercosur advierte que no esperará indefinidamente.
EYNG, 19/12/2025. La Unión Europea decidió mover unas cuantas fichas más en un tablero que lleva casi tres décadas sin resolverse. Ursula von der Leyen confirmó que la firma del acuerdo con el Mercosur no se canceló, sólo se desplazó ligeramente, pero el aplazamiento volvió a mostrar las fracturas internas del bloque y la presión creciente de Francia e Italia.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que la UE necesitará «unas semanas más» para culminar el acuerdo comercial con el Mercosur, tras señalar que los Estados miembros no otorgaron aún el mandato necesario para firmarlo. Según explicó en una rueda de prensa al cierre de la cumbre europea, se logró «un avance decisivo» que permitiría aprobar el documento en enero, aunque reconoció que el pacto debía posponerse tras comunicarse con los gobiernos de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay.
Un acuerdo clave, pero aún sin respaldo unánime
Aunque el pacto con Mercosur no figuraba formalmente en la agenda de la cumbre, varios líderes europeos lo colocaron sobre la mesa. Durante el encuentro quedó claro que no existía consenso suficiente para autorizar a la Comisión Europea a sellar la firma. Von der Leyen indicó que estaba lista para viajar a Foz de Iguazú para suscribir el texto este sábado, pero el retraso fue inevitable tras las objeciones internas.
La resistencia más visible vino una vez más de Francia, que insiste en el impacto que tendría el acuerdo sobre sus agricultores, y de Italia, que pidió más tiempo para garantizar salvaguardias adicionales. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, señaló que el aplazamiento permite «unas semanas» para asegurar protecciones para los productores italianos y avanzar cuando «todas las garantías solicitadas» estén sobre la mesa.
Von der Leyen defendió que el acuerdo es «de vital importancia» desde las perspectivas económica, diplomática y geopolítica, y subrayó que incluye protecciones y controles adicionales destinadas a salvaguardar a agricultores y consumidores en un contexto internacional marcado por nuevas restricciones comerciales.
El tiempo como factor político tras 26 años de negociaciones
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, recordó que el pacto lleva 26 años negociándose y que tres semanas adicionales no cambiarán el panorama general. Costa destacó que la UE sigue siendo capaz de tomar decisiones por unanimidad cuando es necesario, pese a sus diferencias internas. Von der Leyen coincidió con él y expresó confianza en que podrán «traer a casa el acuerdo».
Costa también afirmó que la Comisión ha presentado propuestas robustas, con fuerte respaldo del Parlamento Europeo, orientadas a establecer salvaguardias y «cláusulas espejo» que protejan a los productores europeos ante un eventual flujo excesivo de importaciones desde Mercosur.
España y Francia marcan posiciones opuestas
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, restó importancia a esperar un mes más, recordando que la negociación ha tomado 25 años: «Si hemos esperado 25 años, podemos esperar 25 años y un mes». Reafirmó además que ha llegado el momento de culminar un proceso que ha exigido «demasiada paciencia» a ambas partes.
Mientras tanto, Emmanuel Macron evitó confirmar si Francia apoyará el acuerdo en enero. Dijo que «no sabe» cuál será la posición final del país, señalando que dependerá de si se cumplen las garantías relacionadas con la Política Agrícola Común, el impacto climático y otras presiones que atraviesa el sector agrícola francés. Reconoció igualmente que Francia no puede bloquear el acuerdo por sí sola, ya que la aprobación puede darse por mayoría cualificada.
Dos días antes, Macron había sido más contundente: Francia se opondrá «muy firmemente» si Bruselas intenta imponer el pacto. La portavoz del Gobierno francés, Maud Bregeon, explicó que el presidente considera que el acuerdo aún no cumple con las tres condiciones clave exigidas por París: salvaguardias sólidas, normas equivalentes para importaciones y controles estrictos.
Italia también endurece el tono
Meloni ratificó que para Italia “es prematuro» firmar el texto. Francia incluso solicitó aplazar la votación hasta 2026 para obtener las salvaguardas que reclama, aunque Bruselas ha descartado cambiar los plazos. El sector agrícola francés se mantiene en protestas vinculadas tanto al acuerdo como a la reforma de la PAC.
El acuerdo facilitaría la entrada a Europa de productos como carne, arroz, soja, miel y azúcar, mientras que Europa ganaría acceso ampliado para exportar autos, maquinaria y bebidas.
Cláusulas de salvaguardia de última hora
Para sumar adhesiones, la UE consensuó nuevas cláusulas que permitirían suspender preferencias arancelarias si las importaciones del Mercosur perjudican a los productores europeos por volumen o precios más bajos. Cabe señalar que el Parlamento Europeo intentó introducir una cláusula espejo, pero quedó fuera del texto final por incompatibilidad legal.
Aun así, persisten dudas sobre si estas medidas bastarán para convencer a los países reticentes. Alemania y España presionan para cerrar el acuerdo como una respuesta estratégica a la creciente rivalidad comercial con Estados Unidos y a la fragilidad del sistema multilateral. Varios líderes europeos consideran que es un momento de «ahora o nunca», mientras que el Mercosur empieza a perder paciencia.
En ese contexto, Brasil, que preside temporalmente el bloque sudamericano, advirtió que si la UE no firma este sábado, priorizará conversaciones con otros socios como Japón o Reino Unido.
¿Por qué ambas partes buscan firmar el acuerdo?
Tanto la Unión Europea como el Mercosur coinciden en que el pacto representa una oportunidad estratégica difícil de replicar en el contexto actual. Para Bruselas, constituye un contrapeso frente al aumento de aranceles y nuevas restricciones comerciales a nivel global, además de reforzar su presencia económica en una región donde la competencia geopolítica se intensifica. Von der Leyen ha insistido en que el tratado abre «nuevas oportunidades comerciales y económicas» para todos los Estados miembros y que las salvaguardias adicionales protegen a los sectores más expuestos.
Para el Mercosur, la firma es clave para ampliar mercados y asegurar acceso preferencial a Europa, especialmente para bienes agrícolas. A la vez, facilitaría la entrada de productos industriales europeos a Sudamérica, como vehículos, maquinaria, vinos y licores. La región, que lleva seis años esperando la implementación tras el acuerdo político de 2019, advierte que no prolongará indefinidamente la espera y que podría priorizar negociaciones con socios como Japón o Reino Unido.
Para ambos bloques, cerrar este capítulo enviaría una señal de estabilidad en un sistema comercial más frágil que nunca. Y, tras 26 años de negociaciones, se ha convertido no solo en un tratado económico, sino en una prueba de credibilidad.
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